Cada una de las alternativas tenía sus ventajas y sus inconvenientes. La segunda, que fue al final la que tomamos, obliga a subir el Puerto de el Palo, mientras que la primera era más larga hasta encontrar otro albergue.
Hasta llegar a Pola de Allande la etapa se reducía a unos diez kilómetros, pero no es un terreno fácil para andar y menos cargado con una pesada mochila a la espalda.
Continuas subidas y bajadas. Tardamos unas cuatro horas en llegar a nuestro destino.
Pola de Allande es una localidad bonita y ni muy grande ni tampoco pequeña en la pueden verse edificios en los que los escudos nobiliarios adornan sus fachadas.
El albergue es muy acogedor y moderno.
¿Cuántas veces el peregrino oye las cantarinas aguas de ríos y de arroyos?
¿Cuántas veces se para a contemplar las cristalinas aguas?
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